¡Hola familia! Jazii aquí, cerrando este capítulo tan intenso de mi maestría en Educación en el INTEC. Hoy les escribo desde el corazón, porque este trimestre (noviembre-enero 2025-2026) con la asignatura Supervisión y Acompañamiento Pedagógico me dejó muchas lecciones, pero sobre todo una reflexión profunda sobre lo que significa realmente acompañar en la educación.
Primero, agradecer a la Profe. Yuleidy Tibrey por su paciencia y por guiarnos con esa mezcla de rigor y humanidad que hace que uno no solo aprenda, sino que se transforme.
El plan de acompañamiento que desarrollé para la Escuela Primaria Juan E. Bosch Gaviño fue, sin duda, la parte más difícil de todo el trimestre. No porque fuera complicado escribirlo (aunque sí lo fue alinear el FODA con las políticas nacionales, priorizar necesidades y armar matrices de ejecución), sino porque me obligó a mirarme de frente: ¿realmente estoy lista para acompañar a mis colegas sin juzgar? ¿Puedo pasar de la teoría bonita del “diálogo horizontal” y los “cuatro pilares” a aplicarlo en mi escuela, con sus realidades concretas de Jornada Extendida, indisciplina, familias con mil problemas y recursos limitados?
El proceso de aprendizaje fue como un espejo gigante. Pero lo más valioso fue entender que acompañar no es “arreglar” al otro, es caminar al lado, escuchar de verdad, contener sin imponer soluciones. Me costó mucho priorizar las necesidades sin caer en el “esto hay que corregirlo ya”, y más aún aceptar que el cambio real empieza por mí: en mi propia escucha, en mi paciencia, en mi capacidad de no proyectar mis frustraciones.
Los desafíos fueron varios: equilibrar el enfoque humano (cuidar al docente como persona) con las exigencias del sistema, lidiar con la resistencia que uno mismo siente al cambio, y sobre todo, no idealizar el acompañamiento. En la práctica, no todo sale perfecto: hay días de cansancio, de aulas caóticas, de padres que no responden. Pero justo ahí está la belleza: el acompañamiento sistémico nos recuerda que nadie está solo, que los problemas son de todo el sistema (relaciones, contexto, emociones), y que cuando uno mejora como persona, algo florece en el aula.
Salgo de esta asignatura con más humildad y más compromiso. El plan no es perfecto, pero es honesto y es un primer paso. Porque al final, como dice el taller: “Cuando mejora la persona, mejora el profesional. Y cuando mejora el profesional, florece toda la escuela”.
Gracias de nuevo por acompañarme en este camino. Esto no termina aquí; seguiré compartiendo cómo va el plan en la práctica. ¡Nos leemos pronto!
Con cariño y mucha gratitud, Jazii 💙📚
