Estuvimos dialogando respecto a las características que tiene supervision y acompañamiento. No podía dejar de compartir mis reflexiones:
La supervisión tradicional ya no es suficiente: hay que evolucionar hacia el acompañamiento. Entendí que la supervisión clásica se centra mucho en el control, la evaluación normativa y el cumplimiento de estándares. En cambio, el acompañamiento es formativo, reflexivo y colaborativo. Cada uno tiene su propósito y momento adecuado
No se trata de que uno sea “mejor” que el otro, sino de saber cuándo usar cada estrategia. El monitoreo es perfecto para detectar avances y retrasos en tiempo real; el seguimiento ayuda a asegurar la continuidad después de una intervención; y el acompañamiento es ideal para el desarrollo profesional continuo y personalizado. El enfoque formativo y reflexivo cambia todo
Lo que más me impactó fue el cambio de paradigma: pasar de un enfoque evaluativo-normativo (típico de la supervisión) a uno reflexivo-colaborativo (acompañamiento). Me hace pensar en cómo yo, como futura orientadora o líder pedagógica, puedo aplicar esto para crear ambientes de confianza y crecimiento en mi centro.La periodicidad debe adaptarse al ritmo del docente
Mientras la supervisión suele ser programada y fija (mensual, trimestral), el acompañamiento es flexible y se ajusta al ritmo del docente o equipo. Esto me parece súper humano y realista: no todos los profesores avanzan al mismo paso ni necesitan la misma intensidad de apoyo. ¡Es clave respetar ese ritmo para que el proceso sea sostenible y no genere resistencia!El acompañamiento fortalece la autonomía profesional
Al final, el objetivo principal del acompañamiento no es “corregir”, sino promover la mejora continua y la reflexión sobre la propia práctica. Reflexionando, veo que invertir tiempo en acompañamientos bien hechos genera un impacto mucho mayor a largo plazo que solo controles externos.Me genera ganas de aplicar esto en mi contexto real
Después de analizar este cuadro, me queda clarísimo por qué en mi escuela a veces los docentes sienten la supervisión como algo “de arriba hacia abajo”. Quiero proponer (o al menos probar en pequeño) procesos más de acompañamiento: observaciones conjuntas, retroalimentación dialógica, espacios de reflexión grupal… ¡Creo que eso sí podría transformar la cultura pedagógica!
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